El alcalde de València Joan Ribó, participa en la concentración con motivo del Día Internacional de las Mujeres. Foto: Jose Jordan

Dia de la mujer y su utilización radicalista.

El motivo central del feminismo, al menos hasta los últimos años, es la lucha por la igualdad. Sin embargo, la obsesión con el mal comportamiento de algunos hombres, desvía la atención de los problemas reales de fondo. Ridiculizar a los hombres y señalar como origen de los problemas al machismo y heteropatriarcado no es la forma de mostrar que la revolución feminista es una lucha por la igualdad y que cuentan con los hombres.

Esta renovación de la guerra entre los sexos no contribuye a promover una igualdad que indudablemente, aún es incompleta. La obsesión con el machismo, y ahora con el heteropatriarcado, más bien desvía la atención de problemas más relevantes en la eliminación de barreras y brechas.

Una de las cuestiones más relevantes son los cambios necesarios en el lugar y horarios de trabajo, para facilitar el equilibrio entre la vida laboral y la personal. En este sentido hay que ver la evolución de las funciones laborales y de la progresión en sentido de la especialización en el empleo. En España, actualmente las mujeres obtienen el 58% de los títulos universitarios, partiendo de un escaso 20% hace 40 años. Los oficios manuales, que eran predominantemente masculinos, están en declive, y la evolución del acceso femenino a los puestos directivos ha pasado del 10% de los años 90 a la nada desdeñable cifra del 37% actual.

Nadie puede negar la histórica realidad de la dominación política masculina. No obstante, en realidad, la división de tareas en la familia respondió al patrón que se vende de «la mujer en la cocina, el varón en el trabajo» en la aristocracia. Sin embargo, en el pueblo llano, tanto el varón como la mujer trabajaron siempre. Las condiciones de vida mejoraron en forma exponencial y aceleradamente desde la Revolución Industrial y de la mano de la producción de masas. El auge de las mujeres en el trabajo moderno, su acceso al poder político, es bueno para todos, y parte de una evolución compleja que aun sigue en curso. Pero hoy día, que un hombre puede perder el trabajo o ser expulsado de la universidad por una mala actitud sexista, o por una simple acusación de conducta sexual indebida, seguir ahondando en la crítica machista carece totalmente de sentido. Todo el mundo critica los insultos sexistas contra las mujeres en cualquier lugar, pero no hay ninguna reciprocidad cuando se difama a un hombre.

Entonces, si el camino hacia la igualdad avanza a pesar de todo, ¿Por qué se radicalizan los movimientos feministas? ¿Por qué aparece y gana fuerza el movimiento hembrista?

Luis H Bailón

Doctor en Psicología Social y Ciencias de la Salud.

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